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Pablo Zaldo, el hombre que fotografío 40 años de historia argentina

  • hace 6 días
  • 3 Min. de lectura

Presidentes, deportistas, el Mundial 78, Charly García y hasta Juan Pablo II fueron retratados por su cámara.


80 años y 38 como reportero gráfico de Clarín. De cada nota tiene algo para contar. (Foto: PeyermanPH).
80 años y 38 como reportero gráfico de Clarín. De cada nota tiene algo para contar. (Foto: PeyermanPH).

Les sacó fotos a estrellas de cine, música y televisión. Vio al Diego Maradona de 17 años llorar junto a un árbol, en José C. Paz cuando se enteró que no jugaría el Mundial 78. Retrató a grandes políticos y hasta se sentó en el famoso sillón de Rivadavia, que nunca usó el primer presidente argentino pero sí Pablo Rogelio Zaldo.

Aquel chiquito que corría a jugar al club Altube cuando se podía ver desde el otro lado de la Plaza Belgrano hoy tiene 80. Sigue viviendo en el centro paceño y aunque no guarda cámaras, cuenta cómo atestiguó la historia nacional como fotógrafo de Clarín, donde trabajó durante 38 años.


“Cuando se supo que la Selección de Menotti concentraría en la Fundación Salvatori, el diario me mandó a cubrir los entrenamientos”, recuerda. Era otro José C. Paz y otro mundo. Kempes no subía historias a Instagram, la Dictadura rodeaba de hermetismo al predio deportivo. 


“Llegué a ir caminando al predio. Había que esperar detrás de los alambrados, pero como Clarín tenía buena onda con Menotti, nos dejaban pasar. La gente iba los fines de semana a tratar de ver a los jugadores. Yo una vez llevé a mi sobrino, uno de los dueños de La Lucha, de la mano a saludar a Tarantini”, se ríe Pablo, que aprendió fotografía en el primer año de Secundaria y nunca dejó de disparar.


Entró a Clarín por una tía que conocía al secretario de Redacción. “A la semana, lo echaron y a mí me dieron la peor cámara”, se acuerda divertido. 

El fotoperiodismo lo llevó al Apartheid de Sudáfrica, en 1982, siguiendo a Carlos Reuteman para la Fórmula 1. “Era muy difícil de entender. Estábamos en una fila del colectivo y un grupo de personas negras empezó a escupir al suelo. No podíamos estar ahí. Estaba preso Nelson Mandela”, cuenta.


Además de cubrir deportes, y ser el principal fotógrafo durante toda la concentración de la Argentina campeona de Menotti en José C. Paz, Pablo sorprendió al dictador Onganía y presenció el descenso de Charly García. Literal.


“Un día me mandaron a Casa Rosada y no tenía corbata. Un compañero me dio una de todos colores, muy llamativa. En la conferencia de prensa de Onganía, me tiro arriba de una mesa para sacarlo más de cerca y veo que el tipo me miraba fijo, me clavó la vista… me empiezo a asustar y un colega me dice ‘¡Pablo, Pablo! ¡Escondé esa corbata!’”.

La otra anécdota, a lo Charly. “Fui a sacarle fotos a su histórico departamento de Palermo. Nos hizo esperar en un living, se fue y volvió disfrazado de Batman. Me dijo ‘yo me voy a subir al piano y me tiro. Cuando estoy en el aire, sacá la foto’. Era Charly, mirá si lo ibas a contradecir”, repasa. 


“La cosa es que Charly se tira y se hace pelota contra el piso. Se hizo bolsa, se golpeó todo. La foto no había salido bien. Me pregunta ‘¿Me tiro de nuevo?’. Le tuve que decir que sí, y volví al diario con las fotos de Charly volando vestido de Batman”, recuerda Pablo, hoy jubilado.


Le tocó, hace 10 años, sumarse al Club Artesanos José Altube para salvarlo de la quiebra. “Jorge Rossini y otros vecinos históricos ya venían trabajando. Me convencieron y pudimos ordenar los papeles, las finanzas. Casi se extingue nuestra institución de barrio”, admite. Y aunque nunca volvió a ver el antiguo esplendor de los clubes del Conurbano, no pierde la ilusión. “Llegué en un momento a disfrutar de los chicos de escuela que venían en malón al comedor. Tuvimos que cambiar las mesitas del buffet por tablones largos para que hicieran la tarea, almorzaran, se juntaran antes de hacer gimnasia”, dice Pablo.


¿El sillón presidencial? Un secreto que apenas puede revelar. “Néstor Kirchner era presidente, ese día no había nadie en el despacho. Alguien de Casa Rosada nos invitó a sacarnos una foto… y yo decidí una pose diferente, je”.


En el living de su hogar, recibió a Mística y no exhibe su impresionante foto al Papa Juan Pablo II ni a astros del fútbol. Lo rodean postales de sus tres hijos, su esposa y sus nietos, a quienes les dedica casi todo su tiempo desde que se jubiló: “Casi... Pescar los sábados con mi amigo Ricardo es un ritual sagrado”.


Por Ariel Caravaggio


 
 
 

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