Todas las cosas que hay que saber en una ferretería las sabe y las explica Sofía
Junto con su hermano está al frente de la Argentina, el negocio familiar, y también la rompe con sus consejos en redes.
“Google, ¿cuántos artículos distintos puede haber en una ferretería?”
La inteligencia artificial responde pero no lo tiene claro. Entre 5.000 y 30.000, contesta, en ocho categorías: tornillos y fijaciones, herramientas, plomería, electricidad, pinturería, seguridad, jardinería y construcción. Y no tiene en cuenta que en una ferretería del Conurbano también es posible encontrar otras cosas: un tender, una parrilla, candados, quién te dice una escoba… Una ferretería es el universo.
Sofía Vieira no sabe cuántos artículos. Nunca miró en el inventario. “Más de mil, más de cinco mil… Un montón”, dice, sin que le preocupe demasiado. De lo que está segura es que los conoce todos.

Sofía nació, digamos, en una ferretería. Su padre era ferretero, sus tíos también. Ahora los ferreteros son ella y su hermano.
“Mi viejo falleció en 2016 y entonces con mi hermano nos hicimos cargo. No sabíamos nada; nadie nace sabiendo. A veces los propios clientes nos corregían. Pero aprendimos”, recuerda y confirma.
Ahora es distinto: conoce todo y tuvo que acostumbrarse a que, a veces, alguien entre y pregunte “¿está el ferretero?” o “¿atendés vos?”, porque, claro, cómo la chica va a saber de clavos y de pinzas. “Pasa, sí. También me pasa lo bueno, a veces te felicitan”, reconoce.
Sofía también es locutora y periodista y, así como tuvo que aprender, también enseña en sus redes (@soofivieira en Instagram, @sofibvieira en Tiktok). “Me surgió subir videos explicando cosas, como para qué es cada tipo de cable. Porque pasa muy seguido que no tenés a quién preguntarle. Si vos tenés que comprar y no sabés, yo te lo explico”, cuenta.
Hay quienes nacen con el don. Sofi puede echar mano del famoso video de Marta Fort -“¡mamá, cortaste toda la looz!!”- para explicar la diferencia entre una térmica y un disyuntor, sabe entender al cliente que pide “un bastardo” en vez de un vástago y es capaz de bromear con la puerta corrediza de su propio local. Aclara, eso sí, que ella no es electricista ni gasista ni nada de eso: “Soy ferretera. Los trabajos los tiene que hacer un matriculado. Lo que yo trato de hacer es que la gente entienda cómo se hace”.
Me mudé. Tengo que armar mi primera caja de herramientas. ¿Qué meto adentro, Sofía? “Para mí, es indispensable un destornillador Phillips. Después estaría buena una pinza universal, una que tenga alicate. Algún que otro tornillito, tarugo del ocho (“del ocho” dice, y no “de ocho”. Lógico, es ferretera), una mecha para pared. Si podés tener un taladro inalámbrico chiquito, mejor. Si no, le pedís al vecino. Después, cinta de teflón y cinta aisladora”. Enumera. Sofía Vieira es un libro abierto. O, más bien, un manual de instrucciones. “En la calidad del cable no hay que economizar”. “La bordeadora no se presta”. “El caloventor es lo peor que hay”. “La gente compra membrana cuando está nublado. Y a la tardecita compran lamparitas”. “La amoladora es peligrosa, hay que tenerle respeto. Sobre todo al disco dentado”.
La ferretería es un negocio que vence al tiempo. En la era de las compras online “no vas a quedarte en tu casa esperando que te llegue un flexible de agua por correo. Vas y lo comprás”, sintetiza la ferretera paceña. Y si no sabés cómo se llama, ella te entiende y te explica.
En la Ferretería Argentina de Ruta 197 hay más de cinco mil cosas distintas. Capaz, diez mil. Se puede saber para qué sirve cada una. El que no sabe, aprende.
Por Juan Tejedor




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