La receta de María Elena: empanadas de bondiola y un corazón enorme y solidario
La campeona del cuarto Festival de la Empanada Paceña donó el premio (una cocina industrial) a la capilla donde es catequista.

El segundo hogar de María Elena González es la capilla del barrio Sagrada Familia de José C. Paz. Ahí, en Roma entre Centenario y Uspallata, es catequista familiar de grupos de padres.
Hay otro “segundo hogar” en la vida cotidiana de Maru, que a veces se transforma en el primero. Es la cocina donde amasa sus tapas de empanadas ya famosas en el barrio y donde se produjo la alquimia de su relleno campeón. María Elena González es la campeona del Festival de la Empanada Paceña 2026.
Ya es un montón, pero hay más. Las empanadas vinieron cargadas de solidaridad, porque el espectacular horno industrial que ganó como premio ahora forma parte de “su” capilla.
“Lo tuve decidido desde el momento en que decidí participar este año. Siempre fue mi decisión hacerlo porque la cocina de la capilla está viejita y ésta viene muy bien”, cuenta Maru. “Lo que no sabía -aclara, feliz- es que iba a ganar”, y bromea: “Con la pava eléctrica me conformaba”, en referencia a otro de los premios del certamen.
Como buena cocinera, María Elena no cuenta los secretos de las empanadas de bondiola a la cerveza que la consagraron en la tradicional fiesta realizada el 25 de Mayo en el barrio La Paz. Pero da algunos detalles: a la bondiola, primero, un hervor corto “para que no tenga sabor fuerte”. Después la pica y va con cebolla en partes iguales, las verduras rehogadas, condimentos, cerveza rubia y el toque personal de la ralladura de limón.
Acerca de su especialidad, las tapas que desde hace un tiempo vende porque son tan ricas que se lo pidió la gente de la capilla, explica que las hace, como corresponde, con grasa bovina y da un solo tip: “agua tibia no”.
María Elena estuvo muy bien acompañada en la competencia que se llevó a cabo por cuarta vez en el playón de Agrelo y Carmen Puch, realizada por la sede barrial del Centro Cultural José C. Paz, con el secretario de Proyectos Especiales municipal, Roque Caggiano, en la organización, y el apoyo de la intendencia de Mario Ishii. Fueron con ella sus hijos Álvaro (25) Sofía (23) y Octavio (15), y su hermana Carmen, que también concursó. Solo faltó el hijo mayor, Gonzalo (30), por culpa de la gripe.
También estuvo a su lado en espíritu su abuela Luisa Natividad, la que la llevó por los caminos de las ollas y las hornallas. “Siempre estuve cerca de ella. Era santiagueña, cocinaba muy bien y yo miraba lo que hacía. Así aprendí a hacer locro, empanadas, guisos… Toda la comida tradicional”.
Así como la abuela en su momento, ahora es ella la encargada de la cocina. “Yo sola. No se mete nadie. Está prohibido”, dice con una sonrisa pero con firmeza.
En la capilla Sagrada Familia, en cambio, está siempre rodeada. “Soy guía de padres en catequesis familiar. Hace cuatro años que estoy y, con mi compañera de catequesis, Laura, estamos desde el año pasado con el grupo”, cuenta.
Ahora, además, ahí está la cocina que ganó gracias a sus tapas y su relleno. “Es espectacular, tiene la plancheta al costado, para bifera o plancha, y abajo para tostar el pan. El horno es increíble, así que ya podemos calentar prepizzas, todo para los días que tenemos convivencia con las familias”, detalla, y dice que haber podido donarla la pone “muy muy feliz, porque la capilla es mi otro lugar, es mi lugar, mi comunidad”. Felices de ellos, que además pueden disfrutar sus empanadas.
Por Ariel Caravaggio




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